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Guía de Restaurantes. FUENLABRADA, Madrid, casa fabero

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Restaurante en Madrid

Restaurante recomendado en FUENLABRADA , Madrid


MAPA DE FUENLABRADA , Madrid
COORDENADAS GPS: 40.295063 , -3.801941
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casa fabero  

Restaurante
ctra toledo km 18,700(sentido madrid) .
FUENLABRADA  - Madrid.
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    Gastronomía en Madrid

    Los ingredientes que abastecen la culinaria madrileña son diversos, ofreciéndose todos ellos de forma eficiente mediante los diversos medios de transporte que unen las zonas productoras con los mercados de la ciudad. Es por esta razón por la que aparecen ingredientes aparentemente lejanos en platos típicos, como el pescado o el marisco.

    Frutas y verduras

    La afición madrileña por los encurtidos puede verse en su presencia en los sitios festivos o de público. En la fotografía, unas banderillas en el Rastro).

    Entre las frutas puede decirse que las temporadas marcan el ritmo de consumo: por ejemplo, en la primavera-verano se encuentra el melón de Villaconejos (usado en el sabroso melón con jamón) y las famosas fresas de Aranjuez (fresas con nata). Entre el consumo de verduras destacan los espárragos provenientes de Aranjuez, que a veces refuerzan la oferta con otros provenientes de La Rioja o Valencia. En invierno se encuentra la uva de Villa del Prado y se venden castañas a la brasa por las calles, además de cacahuetes (denominados antiguamente «jamón de mono»), que en tiempos eran ofrecidos por los maniseros. En el terreno de los frutos secos se encuentras las bellotas de El Pardo o las almendras de Alcalá de Henares, algunas de ellas empleadas en repostería. Es muy popular entre los madrileños el consumo de diversas legumbres, destacando sin lugar a dudas el garbanzo (ingrediente que participa en el potaje, en el popular cocido madrileño, en los garbanzos guisados a la madrileña, etcétera). A veces por influencia de las regiones cercanas aparecen legumbres como los judiones de la Granja.

    En el terreno de las verduras puede verse la afición del pueblo madrileño en los lugares festivos por los encurtidos: pepinillos, aceitunas, escabeches (frecuentes como tapas o en ensalada), berenjenas de Almagro, etcétera, presentes siempre en las fiestas y reuniones públicas. Son conocidas las aceitunas a la madrileña, con su aliño típico a base de cebolla cortada y pimentón. El pan fue antaño de gran calidad, pero tras la guerra civil fue empeorando progresivamente a un pan industrial. Una variedad desaparecida desde 1936, muy popular en su época, es el «panecillo largo».

    Carnes

    Dentro del apartado de las carnes existen muchas variantes, destacando por su presencia en los platos clásicos el consumo de casquería. El consumo de carne estaba restringido en la antigüedad a las clases más favorecidas de la Corte madrileña y es posible que su alto consumo dejara un resto de manjares de «segunda categoría» que bien pudo haber dado lugar a las gallinejas, a los entresijos y a los callos, las criadillas, los zarajos, etcétera, no todos ellos puramente madrileños, pero sí con variantes e inspiraciones de otras zonas geográficas de España. Son populares los pinchitos de carne.

    La apertura del Matadero de Madrid en el año 1910 por el arquitecto Luis Bellido hizo que la distribución de carne en la capital pudiese ser más regular. El gusto por la carne de caza puede verse frecuentemente en los mercados, encontrándose con facilidad el jabalí, el gamo y sobre todo la perdiz y el faisán. La provisión de embutidos de zonas cercanas como Salamanca o Extremadura hace que existan siempre como oferta en los mercados.

    Pescado y marisco

    La famosa ración de calamares, presente en la mayoría de los bares de la capital.

    El consumo de pescado y marisco es bastante alto, y no es de extrañar que muchos de los platos típicos de Madrid incluyan productos de mar. Algunos ejemplos de ello son el bacalao en salazón, que hoy en día posee tiendas específicas de venta (no siendo difícil de encontrar en las tiendas de ultramarinos); el besugo, los calamares, que están presentes como fritura en algunas preparaciones; las sardinas (que se ven a la plancha o en salazón); el atún en migas; las truchas; etcétera.

    Mercamadrid abastece de pescado fresco a la capital con gran eficiencia. No en vano es el segundo mayor mercado de pescado del mundo (el primero es el de Tsukiji, en Tokio). Del mercado central se distribuían a diversos mercados dentro de la ciudad. Los pescados más populares son el bacalao (salazón), el besugo (que se prepara con la denominación a la madrileña, es decir al horno), las sardinas (famosas elaboradas a la plancha), etcétera. Resulta frecuente ver platos de marisco, como las populares gambas al ajillo servidas en cazuelitas de barro, las amarillas gambas en gabardina, la gambas a la plancha, a la malagueña (cocidas en salmuera), etcétera.

    Entre las preparaciones más populares se encuentra la de los escabeches de diversos pescados (besugo, bonito, jureles, sardinas, etcétera), que mantienen el pescado comestible durante más tiempo. Los escabeches participan en recetas como la de la tortilla a la madrileña. Entre los escabeches se encuentra el de bonito, que es servido en forma de bloque, solo o acompañado de pimientos; las sardinas escabechadas y los boquerones en vinagre. Sin ser originarios de Madrid, todos ellos pueden verse frecuentemente en bares y lugares de comidas.

    Mercados de Madrid

    Numerosos mercados han proporcionado alimentos antaño a los habitantes de la ciudad: el Mercado de San Miguel, el de la Cebada, el de Barceló, etcétera. La aparición en 1982 de Mercamadrid ha hecho de la capital uno de los puntos de abastecimiento de verdura y pescado más importante de Europa. Junto con la oferta de estas grandes superficies de abastos, las tiendas de ultramarinos han ido proporcionando de forma especializada productos alimentarios a Madrid. En la actualidad estos mercados están siendo reformados o demolidos por el cambio de hábitos de consumo de los madrileños debido a que la oferta de alimentos mediante supermercados de barrio y la nueva forma de cocinar hacen que exista cada vez menos demanda de alimentos frescos.

    Platos típicos

    En Madrid es frecuente el denominado tapeo, es decir desplazarse por varios bares tomando de pie en la barra diversas raciones de platos que se comparten entre personas de un mismo grupo. Las tapas se acompañan frecuentemente de cerveza (servido en caña, por lo que a veces se llama así) o de algún vino de la región.[20]

    Platos principales

    Los platos principales más populares en los bares y tascas madrileños suelen proceder de otras regiones españolas, adoptando en Madrid un carácter propio:

    • Cocido madrileño: estofado de verduras y carne muy popular, que aparece frecuentemente en el menú de los martes en los restaurantes de la capital. Contiene garbanzos, carne (generalmente de vacuno), hortalizas y embutidos. Suele servirse en tres vuelcos o platos: primero una sopa hecha con el caldo; luego las legumbres y las hortalizas; y por último las carnes y los embutidos.
    • Callos a la madrileña: una variante de los callos, probablemente introducida por los emigrantes asturianos llegados a la capital durante el siglo XIX. Se elaboran con tripas de vacuno o cordero, pata y morro de vaca, chorizo, morcilla, pimentón y otros aliños.[7]
    • Sopas de ajo: según algunos autores es el tercer plato madrileño.[7] Su receta existe en verso y fue musicada en 1829 por José María Casares.
    • Besugo a la madrileña: plato muy tradicional elaborado con besugo al horno. Es típico de la culinaria navideña.
    • Judías a lo tío Lucas: plato contundente de judías remojadas y cocidas en aceite de oliva y ajo.[21]
    • Ensalada San Isidro: se trata de una ensalada con hojas de lechuga, aceitunas negras, huevo duro cortado en rebanadas y atún en lata.

    Tapeo típico

    Algunos de estos «pequeños» platos son servidos en la actualidad en tabernas y bares como tapas, sirviendo para satisfacer la costumbre madrileña de «picar» entre horas. Muchos de ellos son comida originaria de mesón, figón o incluso callejeros. Algunos autores se aventuran a decir «aquellos platos que no son platos». Se puede decir que en algunos casos no tienen más de medio siglo de antigüedad en la capital, aunque con el devenir de los años aparezcan en todas partes. Los platos más comunes en Madrid a la hora de tapear son:

    • Oreja a la plancha: suele ser una de las raciones típicas de los madrileños (y que a algunos foráneos desagrada). Existe en diversas variedades: al ajillo, con salsa picante, a la vizcaína, etcétera.
    • Gallinejas: plato en otros tiempos muy popular, consiste en una fritura de vísceras de cordero.
    • Gambas al ajillo y setas al ajillo: muy populares ambos en los bares del centro, suelen ser un aperitivo adecuado para mediodía. Se sirven muy calientes y deben comerse al instante.
    • Bocadillos: en una gran variedad de posibilidades, desde el típico bocadillo de calamares (elaborado con calamares a la romana), tan popular que resulta extraño el bar que no lo sirve, hasta el pepito de ternera (bocadillo con un filete de ternera).[22]
    • Patatas bravas y tortilla brava: muy populares como tapas en la mayoría de los bares.
    • Caracoles a la madrileña: tapa frecuente consistente en caracoles en una salsa algo picante.
    • Soldaditos de Pavía: pedazos de lomo de bacalao desalados, rebozados y fritos. El consumo de este tipo de pescado estuvo unido a las clases menos favorecidas.[9]
    • Huevos estrellados: tapa típica que se sirve hoy en día en la mayoría de los bares y tascas de la época.
    • Media tosta: típico pan abierto que se ofrecía en los cafés de la época y que hoy en día aparece en celebraciones y verbenas.[2]

    Denominación «a la madrileña»

    La denominación «a la madrileña» viene a designar la simplicidad en los ingredientes. El origen de este apelativo está en las indicaciones puestas al público en las tabernas, cafés, tascas, etcétera. Estas preparaciones debían de ser en la mayoría de los casos simples.[21] Esta denominación hace que existan diferencias sutiles en platos que se sirven en otras zonas de España. De esta forma se tienen innumerables ejemplos como las sopas de ajo a la madrileña, la ensalada a la madrileña, el guisado de Madrid, las migas a la madrileña, el pavo asado a la madrileña, la tortilla de patatas a la madrileña, el potaje de garbanzos a la madrileña, etcétera.

    Platos en el olvido

    Las modas y los gustos, a veces las técnicas culinarias o incluso los deseos de reducir la ingesta calórica han hecho que algunos platos hayan caído poco a poco en el olvido.[2] Uno de ellos es la rosca madrileña que resulta ser un frito de una masa-revuelto de carne de ternera bien picada y mezclada con perejil y ajo, todo ello mezclado con puré de patata y huevo. La presentación final es la de una rosca. Otro plato olvidado es la sopa trinchante (sopa que se come con tenedor) y la alboronía madrileña (de la familia de las alboronías) de claro origen árabe. Era muy afamado las “sopas de fideos con leche” elaboradas con fideos cocinados en leche de cabra, las “sopas de té”. Algunos de los platos que fueron populares en la época de los cafés de tertulia hoy en día han desaparecido y apenas hay recuerdo de los beefteacks con pommes soufflées del Café de Fornos, los platos de filete eran muy populares en los cafés de la época.[16] Ya casi no se menciona pero en la época de comienzos del siglo XX era muy habitual como desayuno una tostada denominada la media de abajo que era pan untado con aceite o tocino. Los espárragos “Lope de Vega” (de receta divulgada por el propio escritor), el melón de villaconejos al chinchón, los pollos “castellana”, las truchas “cibeles”,

    Repostería

    La repostería es una de las características culinarias de Madrid, pero comparativamente con otras regiones los madrileños no son muy aficionados a lo dulce. Muchos de los postres y dulces madrileños poseen fechas específicas y se vinculan a la celebración de un santo, bien sea una romería o una verbena. Cada una de las especialidades es ofrecida en diversos locales, como por ejemplo La Mallorquina (ubicada en la misma Puerta del Sol), Casa Mira (famosa por los turrones y mazapanes), el Horno de San Onofre (La Santiaguesa), Pastelerías Animari, El Riojano (lugar donde se venden las pastas del consejo), la antigua Pastelería del Pozo, etcétera. Todos ellos ofrecen dulces de temporadas, por regla general unidas a la celebración del patrón de Madrid, san Isidro Labrador.

    Sobre los ingredientes de pastelería cabe decir que el chocolate empezó a popularizarse en la capital ya por el siglo XVI. El chocolate ha acompañado como bebida a otros dulces como bizcochos (en especial los de soletilla), picatostes, migas y por supuesto churros. Desde comienzos del siglo XX son famosos los caramelos de violeta, elaborados con la esencia de esta flor.

    Pastelería festiva y santoral

    Estas especialidades están por regla general asociada a la celebración de un santo o evento religioso. De las pastelerías que las elaboran salen dulces y bollos como:

    • Rosquillas tontas y listas y las francesas. Suelen encontrarse en las pastelerías durante los meses de mayo y el final de las fiestas de San Isidro.
    • Rosquillas de Santa Clara, tradicionales en las fiestas de San Isidro de Madrid.
    • Roscos del Santo, que aparecen en las verbenas de san Isidro (por lo que se denominan a veces Rosquillas de San Isidro).
    • Huesos de santo, típicos en las estanterías de las pastelerías en las fechas cercanas al Día de Todos los Santos, junto con los buñuelos de viento.
    • Roscón de Reyes, dulce típico de la culinaria navideña.
    • Torrijas, típicas de Semana Santa, que suelen tomarse a cualquier hora del día. Antiguamente eran habituales en las tabernas madrileñas y acompañaban los chatos de vino.
    • Los panecillos de San Antón (panecillos del Santo), que se toman con la romería de San Antón Abad celebrada a mediados de enero y a los que se le suele acompañar con aguardiente.

    Otros dulces ya no se elaboran, pero son conocidos en las diversas obras de culinaria y repostería madrileña, como pueden ser las rosquillas de la Tía Javiera.[26]

    Pastelería no estacional

    Existe de forma tradicional un pastelería no sujeta a estaciones o periodos festivos, que puede encontrarse en muchas de las pastelerías de la ciudad. Son ejemplos los suizos, las agujas, las empanadas de atún, etcétera, eternos en las vitrinas de las pastelerías. Esta situación es cada vez menos frecuente, ya que casi todos los dulces estacionales pueden verse en las estanterías de las pastelerías. Entre estos dulces no estacionales pueden mencionarse:

    • Los buñuelos de viento rellenos, antes llamados bolas o buñuelos anchos.
    • Los bartolillos, finas empanadillas rellenas de crema con aroma de limón y fritas.
    • Las tejas y los barquillos, típicos por las calles de Madrid los días de fiesta.
    • Los picatostes típicos de los bares y cafés madrileños.
    • Las Chatitas, marca comercial de pasteles madrileños (pastelerías Animari), así llamados en honor a la Infanta Isabel, apodada «La chata» por los madrileños.
    • Las napolitanas de crema y chocolate.
    • Las agujas de ternera, bollo con hojaldre que posee un guiso de carne picada en su interior.[27]
    • Las rosquillas de la Tía Javiera, famosas rosquillas que se ensartaban en docenas con un hilo.

    Una receta menos conocida son las naranjas a la madrileña, postre salado, y que se elabora con huevos fritos, rodajas de tomate, huevo hilado y trocitos de jamón.[2] Muy populares, por venderse por la calle en una mezcla de juego y golosina (los vendedores se denominan barquilleros) son los barquillos. Dentro de la venta callejera es clásico ver en invierno los puestos de castañas asadas, aunque cada vez son más escasos y quizá terminen extinguiéndose, como lo hicieron antaño los vendedores de cacahuetes tostados y de torrados, así como los de garbanzos tostados.

    Bebidas

    Entre las bebidas no alcohólicas más típicas de Madrid destaca con claridad la costumbre de tomar café, como puede verse en la cantidad de bares existentes en las diversas calles, y también (aunque en menor medida) la leche merengada. El agua de la ciudad es una de las bebidas más apreciadas, sobre todo en los meses de calor. La procedente del Lozoya ha sido apreciada en todas las épocas, siendo una de las fuentes más conocidas la del Berro de Salamanca y hoy en día el Canal de Isabel II.

    Entre las bebidas alcohólicas puede considerarse la cerveza (que servida en vaso alto se denomina caña). Entre las cervecerías con más solera están la Cervecería Santa Bárbara y La Dolores. El vermú (por regla general de grifo) y el vino de la región son muy populares los domingos como aperitivo. Madrid fue conocido a comienzos del siglo XX por un bar de cócteles que abrió Perico Chicote, y que fue lugar de asistencia de los famosos de la época. También en esta época eran muy habituales unos puestos que servían limonadas y horchatas, todo ello bajo la denominación aguaducho.

    [editar] Vino

    Artículo principal: Vinos de Madrid

    Madrid posee su propia denominación de origen, Vinos de Madrid, repartida en tres zonas (Arganda, Navalcarnero y San Martín de Valdeiglesias) con un total de 22.000 hectáreas de viñedo.[29] La mayoría de la producción se centra en tintos jóvenes y rosados (subzona de Navalcarnero) y blancos, alguno de estos excelentes para crianza (especialmente los de la subzona de Arganda). Existen, no obstante, tintos de crianza, algún espumoso y los característicos sobremadre. Con los vinos es muy popular la elaboración en verano de jarras de sangría, que se ofrecen en los bares de la ciudad.

    Licores

    El licor de anís servido en copa pequeña es considerada la bebida más castiza, siendo los más famosos los anisados de Chinchón. Es tradicional el aguardiente, sobre el que popularmente se indicaba antes con cada trago que era para «matar el gusanillo». Deben mencionarse los aguardientes secos procedentes de Ojén o de Cazalla y el reciente licor de madroño inventado por un pastelero madrileño en los años 80. A finales del siglo XIX se tomaba agua, azucarillos y aguardiente, bebida que se llevaba en botijos y se bebía lo más fresca posible, tan popular que dio título a una famosa zarzuela.

    Bebidas no alcohólicas

    Entre las bebidas no alcohólicas se encuentran numerosos refrescos naturales, como la tradicional leche merengada (mezcla de leche y huevo con canela) y la horchata de chufa, de tradición puramente valenciana que posiblemente trasladaran los emigrantes a la capital a comienzos del siglo XX. También es muy popular en los meses de verano el granizado de limón. A finales del siglo XIX se ofrecía en los cafés agua de cebada, que se elaboraba con cebada en infusión azucarada y especiada con limón y canela. La denominación popular de esta bebida era «agua de cebá», aunque hoy en día esta costumbre ya no existe en Madrid. Igualmente populares eran el agua con azucarillos y el agraz (presente en todos los cafés de la época). Una de las bebidas más populares antaño (desaparecida hoy en día) era la aloja, que dio lugar a una profesión, la de alojero.[30]

    Hay una gran tradición en torno al café, existiendo desde hace décadas no pocas chocolaterías que ofrecen chocolate caliente en los meses fríos de invierno, ofrecido con churros y antiguamente también con picatostes. Uno de los conceptos ya olvidados en el Madrid actual, pero muy importante a finales del XIX y comienzos del XX, era el café de recuelo (restos del café vueltos a cocer), que ya mencionara Valle Inclán en su obra Luces de Bohemia. Era un café tomado en las churrerías de los barrios bajos, y que se solía tomar de madrugada.

    Costumbres

    La costumbre de picar entre horas en los bares madrileños está muy arraigada desde mediados del siglo XX. De las costumbres de siglos anteriores dan muestra visual las ilustraciones de Ortego en su «álbum». El picoteo de origen a toda una necesidad culinaria fundamentada en la tapa. Es frecuente encontrar bares llenos de gente a casi cualquier hora del día, donde se come, se habla y se bebe. Muchos bares también sirven desayunos como el chocolate con churros, el sándwich mixto, el cruasán a la plancha, la tostada con mermelada, el pincho tortilla o lomo, el pepito de ternera, el desayuno andaluz, etcétera. Antiguamente era muy habitual desayunar buñuelos y aguardiente. A mediodía, destacan el aperitivo o el vermú con las tapas, sobre todo los domingos.

    En los restaurantes suele haber un menú del día que ofrece a los clientes una variedad de platos a precio fijo. Es raro el restaurante que no posee uno de estos menús, que se ofrece a los clientes en carteles visibles. Algunos de estos menús tienen tradición solo en la capital, como es el caso de servir [[paella] en los menús de los jueves, o cocido los miércoles. En lo relativo a estas costumbres se ha dicho que los lunes fabada, los martes pote, los miércoles cordero asado, los jueves y domingos paella, los viernes bacalao a la vizcaína y el sábado cocido, (aunque algunos autores mencionan el martes para el cocido).


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